12 razones para visitar Namibia

Namibia es el país de los espectaculares paisajes, de la mezcla cultural y de la fauna salvaje. Por ello sombran los motivos para aventurarse en esta antigua colonia alemana. No obstante, en este artículo os vamos a explicar 12 razones para visitar Namibia.

Su nombre significa “inmenso lugar de la nada”, y es cierto que está bastante deshabitado, principalmente por el inhóspito desierto que cubre buena parte de su territorio.

Los bosquimanos definen al país como “la tierra que Dios hizo con ira”. Precisamente los paisajes lunares y desérticos los que te hacen sentir lejos de cualquier civilización.

País predominantemente árido, que cuenta con una geología asombrosa y con las dunas mas altas. También con uno de los desiertos mas antiguos del mundo y con el segundo cañón mas grande del planeta.

Una vez hecha esta breve introducción, que si bien, resulta una poderosa razón para iniciar la aventura de descubrir Namibia, os vamos a proporcionar 12 razones más por las que merece la pena conocerlo:

 

1. Ver amanecer en el desierto del Namib, el más antiguo del mundo, desde lo alto de la duna 45 o desde un globo aerostático

Una de las principales razones para visitar Namibia es adentrarse en el desierto del Namib. Contemplar los cambiantes colores de la arena según avanzan las horas del día, es un espectáculo de tal belleza que te deja sin palabras. Los tonos dorados de una arena heladora antes del amanecer, dejan paso a todas las tonalidades de naranjas y rojizos de una arena ardiente al mediodía.

Este gran cuadro de color culmina en Deadvlei, un gran lago desecado hace cientos de años. En él se conservan docenas de acacias muertas. Es el lugar en el que el rojo brillante de la duna contrasta con un cielo completamente azul, con el blanco cegador del lago desecado y con el color negro de las acacias.

Es el único lugar del mundo donde podrás ascender hasta lo alto de dunas. Son tan grandes como montañas y su existencia es anterior a la extinción de los dinosaurios. En concreto, la Duna 45, es una de las dunas más fotografiadas del mundo por su perfecta silueta. Denominada así por estar situada a 45 km de Sesriem, la puerta de entrada al parque Namib Naukluft.

Si optas por contemplar este desierto desde un globo aerostático, la visión es sublime. La de un gran mar de dunas del que no se ve el fin, cuya arena es movida y modelada por el viento.

2. Conocer a los Himba

Una étnia semi-nómada que aún conserva su estilo de vida prácticamente intacto desde hace siglos. Se dedican al pastoreo de su ganadería, compuesta de vacas y cabras.

Sus asentamientos se localizan en la región de Kaokoland, al noroeste del país, una de las más remotas y salvajes de Namibia.

Se estima que unos 12.000 himbas viven al sur del río Kunene. La mayoría de ellos, en torno a 25.000, viven en su parte norte, en la vecina Angola.

Es una etnia conocida por la protección de color rojizo que las mujeres y los niños aplican a su piel y a su pelo. Una mezcla de cenizas, manteca, ocre y a veces la resina de alguna hierba, para que el sol no queme su piel y mantener alejados a los mosquitos. Sin lugar a duda, entablar contacto con esta tribu es otra de las principales razones para visitar Namibia.

En definitiva, una oportunidad de acercarnos al origen africano de los humanos modernos. Origen cada vez más evidente gracias a los recientes estudios paleontológicos, arqueológicos y genéticos.

3. Deambular por la ciudad fantasma de Kolmanskop

Kolmanskop fue la primera ciudad de Namibia en la que se descubrieron diamantes en 1908. Fue gracias a un trabajador del ferrocarril de Lüderitz-Aus. Ello originó que en Kolmanskop los alemanes levantaran una ciudad al estilo europeo.

En los primeros años los diamantes podían recogerse en la arena, donde brillaban a la luz de la luna. En esta inmensa prosperidad, la ciudad se llenó de mansiones y de todo tipo de adelantos para la época. A medida que las reservas de diamantes se iban agotando, Kolmanskop fue siendo abandonada. Con el tiempo quedó enterrada por las arenas del desierto, convirtiéndose en una ciudad fantasma.

La sensación de deambular entre las casas vacías y adentrarse en sus inhóspitas habitaciones, nos traslada a otra época. Nos recuerda que la naturaleza tiende a recuperar su espacio, el que un día le fue arrebatado, encargándose de borrar todo rastro de lo se construyó.

4. Contemplar las estrellas en la primera reserva de África en obtener un certificado Dark Sky

Existen instituciones que certifican por todo el mundo la calidad de los cielos nocturnos adecuados para el turismo astronómico. La más conocida es la International Dark Sky Association (IDA), fundada en 1988 con el objetivo de salvaguardar los cielos nocturnos. Es sabido que la contaminación lumínica altera los ecosistemas y afecta a los ritmos circadianos humanos, además de estropear nuestra visión de las estrellas.

La foto que se muestra de la vía láctea vale más que 1000 palabras y está hecha por Matthew Hodgson (www.alpha-lyrae.co.uk)

La Reserva Natural de NamibRand se ha distinguido como la primera de África en estar certificada con el distintivo Oro de Dark Sky de la IDA.  Se otorga a aquellos territorios que poseen noches estrelladas de gran calidad y que además están protegidos por su valor natural, paisajístico y científico.

Es probablemente la mayor reserva natural privada del sur de África, extendiéndose por 215.000 hectáreas, una superficie mayor que Omán. Comparte 100 km de frontera con el Parque Nacional Namib-Naukluft, y todas las facetas del Desierto del Namib están presentes en la Reserva NamibRand: las llanuras de arena y de grava, las franjas de sabana que alternan con cadenas montañosas y cinturones de rojizas dunas cubiertas de vegetación. Además, NamibRand es el hogar de los orix y de los rinocerontes negros.

En esta reserva sólo hay un puñado de espectaculares lodges y tended camps, de modo que el número de viajeros es muy bajo, del orden de 1 cama por 1000 hectáreas. El objetivo es preservar intacto este territorio salvaje. Existen alojamientos que disponen de su propio observatorio y guías con conocimientos de astronomía.

5. Maravillarse con las vistas aéreas de la Costa de los Esqueletos

El Parque Nacional de la Costa de los Esqueletos se desarrolla a lo largo de un litoral de 2.000 km de largo por 40 Km de ancho. Bajo su protección queda alrededor de un tercio de la costa de Namibia. Buena parte de este Parque Nacional es inaccessible en coche, simplemente porque no se permite el acceso a la sección norte del río Hoanib.

Mediante un vuelo escénico podrá tomar conciencia del siniestro nombre del parque, un cementerio de barcos varados de más de 16.000 hectáreas. Un territorio hostil donde las arenas del desierto se funden con las del Oceano Atlántico, donde el león puede encontrarse con la foca arrastrada hasta la orilla por el fuerte oleaje.

Se preguntarán, ¿por qué se acumulan en este lugar del mundo tantos barcos y restos de animales muertos?. En esta zona del oceáno, la corriente de Benguela produce densas nieblas la mayor parte del año. La corriente,  junto con un enérgico oleaje y los fuertes vientos que soplan desde el interior del continente al mar, constituyen una trampa mortal para la navegación, un viaje a la muerte.

Puedes obtener más información del tramo de costa salvaje de este área, consultando nuestra web.

6. Admirar el vasto y cegador pan en Etosha National Park

Este parque obtiene su nombre de su principal atracción, Etosha Pan, que significa “enorme lugar blanco”. Un inmenso lago desecado hace cientos de años, con aspecto de tierra lunar, que puede verse desde el espacio. Esta depresión natural de 120 km de largo por 72 km de ancho lo constituye arcilla blanca completamente seca. Su superficie aparece rota en miles de trozos y durante los meses en los que excepcionalmente llueve, lo cubre una fina lámina de agua.

Observar a los animales como deambulan por el este paisaje surrealista es lo que hace al Parque Nacional de Etosha tan especial.

 

7. Observar a los animales que acuden al punto de agua de Okaukuejo por la noche

El Parque Nacional de Etosha dispone de numerosos puntos de agua artificiales, a los que acuden los animales a beber. En estos puntos de agua, o waterholes, está garantizado que podrás observarlos antes o después. Tan sólo hay que esperar en silencio.

El más mágico de todos ellos es Okaukuejo, y está considerado uno de los mejores lugares de África donde ver el rinoceronte negro. Es el campamento más antiguo de Etosha y está iluminado por la noche.

El espectáculo empieza cuando se pone el sol, con los animales acudiendo al punto de agua a calmar su sed. No es nada anormal observar leones, elefantes y rinocerontes al mismo tiempo.

 

8. Plantas extrañas y sorprendentes, que sólo se encuentran en ese lugar del mundo.

Namibia es la cuna de algunas de las plantas más raras y más interesantes del mundo. Han tenido que evolucionar para adaptarse a las condiciones desérticas más duras, con temperaturas de hasta 65º C.

Las más famosas y peculiares de todas ellas son la welwitschia y el kokerboom, que despiertan interés turístico por sí solas.

La welwitschia es endémica del desierto del Namib, y habitan a unos 80-100 km de la costa. El poco agua que obtiene para sobrevivir proviene de la neblina del mar y del rocío nocturno del desierto.

 

Es una planta cuyo aspecto genera curiosidad y rechazo al mismo tiempo. Tiene una larga vida, existiendo individuos con más de 1500 años.

Por otro lado, el kokerboom, es el aloe gigante que más se puede ver en Sudáfrica y Namibia. Es conocido como el “árbol que tiembla” por los bosquimanos, por el enorme nido comunal de tejedores que viven en él.

Sus ramas dentadas, que utilizan los bosquimanos para flechas, están cubiertas por una fina capa blanca y las flores de un color amarillo canario, florecen en invierno.

La Welwitschia puede verse en la Welwitschia Drive, a la que se accede desde Swakopmund, y para lo que hay que obtener un permiso para conducir por dicha carretera. El mejor lugar donde ver Kokerbooms es en la carretera M29,  a 13 km al noreste de Keetmanshoop.

9. Interactuar con guepardos

Namibia es el “país de los guepardos” y es el hogar de un tercio de la población mundial de este mamífero terrestre. Se calcula que apenas quedan unos 10.000 guepardos en libertad y viven bajo la amenaza constante de peligro de extinción.

Una gran oportunidad de observarlos de cerca y de interactuar con ellos es visitar la “Cheetah Conservation Fund” (CCF- Fondo para la Conservación del Guepardo) o la “Africat Foundation’s guest farm” (Fundación Granja Africat), en Okonjima. Ambas ofrecen refugio a estos felinos, y también ofrece alojamiento a los turistas.

 

La especie ha sido incluida entre las vulnerables por la International Union of the Conservation of Nature. Según la CCF, la presión de los hombres ocupando sus territorios naturales y llevándolos a reservas junto con otros animales, está acabando con esta especie. “Los leopardos no se adaptan a vivir en las reservas naturales. Allí están cerca de otros depredadores que no les permiten alimentarse de lo que cazan. Leopardos, hienas y leones le roban sus presas. Si se enfrentan a ellos, entonces mueren”.

10. Admirar los petroglifos de Twyfelfontein

El área de Twyfelfontein, un ecosistema muy vulnerable y delicado, es conocida por contar con algunos de las mejores pinturas rupestres y grabados en piedra de los bosquimanos en el sur de África. Además aquí se encuentra una de las mayores concentraciones de petroglifos del continente. Es el primer lugar de Namibia declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en 2007.

Se han hallado vestigios de hace 6000 años, del final de la Edad de Piedra, que se les atribuye a los primeros habitantes de esta zona, cazadores y recolectores.

En total, se estima que en el valle de Twyfelfontein se encuentran 2.500 petroglifos.

11. Explorar las dunas más alla de Swakopmund, donde realizar actividades de pura adrenalina

La ciudad de Swakopmund, con su arquitectura de estilo colonial alemana de colores pasteles, es un rara avis rodeada por el desierto del Namib y el Océano Atlántico.

Explorar la ciudad, ya de por sí resulta sorprendende por el contraste de estar en una ciudad alemana en África.

En las dunas próximas se puede realizar actividades de lo más excitantes, como montar en quad, hacer ski en la arena, tanto con skis como con tabla, o ascender en 4×4 a algunas de las dunas más altas del mundo.

Otra actividad es la lie-down, que consiste en lanzarse desde lo alto de una duna colocado boca abajo sobre una lamina de madera, no sin antes claro, ponerse casco porque se puede llegara a alcanzar velocidades de más de 70 km/h.

También existe la opción de montar en un globo y simplemente admirar el encuentro de las dunas con el océano, lo que resutla igual de emocionante pero sin realizar actividad física. Hay para todos los gustos.

12. Hacer un crucero en la Laguna de Walvis Bay

La laguna de Walvis Bay, al este del país, es uno de los humedales más importantes del sur de África. En la laguna pueden encontrarse más de 250.000 aves en la época álgida de verano

Junto con miles de pelícanos, cormoranes, flamingos y gaviotas plateadas, la laguna también atrae a aves migratorias del Círculo Ártico. La lengua de arena Punta Pelícano es el hogar de una colonia de focas del Cabo y de delfines, que a menudo se adentran en estas tranquilas aguas.

Esta área es ideal para montar en kayak o hacer un crucero en bote.