Nuestro viaje a Zambia: larga ruta hasta South Luangwa

Cómo os decía en la primera entrada de este viaje, mi decisión para llegar desde Maun hasta South Luangwa, fue hacer una larga ruta por carretera.

Casi 2.000 km separan mi casa en Maun de Mfuwe, uno de los puntos de acceso a South Luangwa, y punto de reunión con Oliver, Elena y Erick. Pude haber elegido llegar hasta allí con 3 vuelos: Maun – Johannesburgo – Lusaka – Mfuwe, que suponían en cualquier caso 2 etapas, ya que por horarios debería haber dormido una noche en Lusaka.

Así que opté por entender mejor el país, y cubrir esa larga distancia en coche, en 3 etapas.

Zambia

La primera etapa Maun-Livingstone era extramadamente familiar para mi. La primera parte, Maun-Kasane que tantas veces he cubierto con mi coche.

Pero por muchas veces que hayas cubierto este trayecto, el Kalahari que atraviesas es tan cambiante, siempre te ofrece alguna sorpresa. Y siendo el inicio de la época de lluvias es impresionante ver como donde apenas han caído unas gotas de lluvia, el Kalahari, en su sección de Makgadikgadi, se esfuerza ferozmente por salir a la vida, mostrando rápidamente los primeros brotes verdes.

Ferry Kazungula - Livingstone

Los pasos fronterizos con los vehículos son siempre farragosos, con mil documentos y muchas tasas a pagar. Por tanto, y dado que además mi coche al ser un Hilux de cabina simple con sólo 2 plazas, no lo íbamos a utilizar en este viaje en Zambia, opté por un traslado desde Kasane hasta el hotel en Livingstone, dejando mi coche esperándome en Kasane hasta mi regreso, a buen recaudo con Charles por supuesto, amigo y uno de nuestros guías al que muchos ya conocéis.

Esta imagen que tomamos en nuestro primer viaje a Botswana en 2011, del ferry desde Kazungula a Livingstone para cruzar el río Zambezi y qué nos dejó anonados, aún se ve y se vive, ya que el puente en construcción, a puntito, pero aún no está terminado.

Protea Hotel Livingstone

Había salido de casa sobre las 08.30 de la mañana y eran sobre las 16.30 cuando estaba llegando al hotel elegido en Livingstone: Protea Hotel Livingstone.

La elección del hotel no fue demasiado complicada: sabía que llegaría cansada y que aún me quedarían 2 etapas largas por delante. Por lo que no tenía intención de hacer nada especial en Livingstone. Pero prefería estar cerca del pueblo por si me apetecía ir a dar un paseo, más que estar en algún lodge más aislada. Y el Protea Hotel Livingstone, cercano al pueblo, tiene unos bonitos jardínes que te permiten relajarte con un cierto sentido de aislamiento, con una buena piscina y habitaciones funcionales y cómodas. Suficiente para lo que buscaba.

A mi llegada al hotel hacía un calor horroroso, con el cielo encapotado pre tormenta, y con esa presión propia de esos momentos, pero sin llegar a llover. Y entre la normal retahíla en un checkin, cuando te cuentan todos los servicios y horarios del hotel, escuché la fatídica frase: “no hay electricidad por cortes de suministro por parte del Gobierno. Todo funciona con nuestros generadores menos el aire acondicionado

Uffffff. Esa información era un golpe bajo. Pero cuando vives en Africa sabes que este tipo de situaciones y otras más incómodas puedes tener que afrontarlas en cualquier momento. Asi qué, sudando y resignada (daba igual haber pasado por la ducha), me senté en el jardín con una copa de vino blanco que pretendía estar frío, y disfruté un rato de mi libro, y de una muy aceptable cena.

Bueno, a pesar de la falta de aire acondicionado, la noche fue bastante menos terrorífica de lo que imaginaba, y a las 06.00 de la mañana estaba arriba. Lo normal: ducha, cerrar maleta, desayuno, check out… y a las 08.00 en punto Wilson estaba en el hotel para entregarme el coche.

Con el tiempo normal para que me diera las explicaciones sobre el vehículo, algunas compras en Livingstone básicas: agua, tabaco (para los que me conocen, lo entienden), un bañador que había olvidado en mi equipaje, una SIM local, intentar conseguir kwachas, la moneda local, (que no pude por ser domingo), y por supuesto, gasolina, eran sobre las 10 cuando estaba saliendo de Livingstone.

Nuestro coche en Zambia

Era el momento de afrontar los 485 km hasta Lusaka, distancia que según Google Maps, me llevaría algo más de 7 horas. Ya iba apurada, pues una regla de oro en África es no conducir de noche.

No dejaba de preguntarme, por qué 485 km, 7 horas? Cualquiera habría buscado más información acerca de las carreteras. Pero bueno, supongo que siempre se cumple aquello de “en casa del herrero, cuchillo de palo“. Pero muy pronto lo descubrí: gente, gente, gente!!!!!

La carretera no está en mal estado. Hay algunos tramos antiguos con bastantes baches, y otros en obras que están arreglando. Pero lo que ralentiza el ritmo de conducción es que las poblaciones se suceden una tras otra, obligándote a reducir la velocidad. Y entre una población y otra, mucha gente en la carretera: andando, en bicicleta, niños yendo o de regreso al cole… Hay que extremar la atención y la precaución.

Eso sí, una explosión de color: en los puestos, en las ropas, en los edificios destartalados…. Te apetece parar constantemente y grabar todo ese color en tu cámara.

Y además, en particular en este tramo Livingstone – Lusaka, camiones, muchos enormes camiones, en carreteras en las que apareció otro elemento que, con tanto tiempo conduciendo en Botswana, casi había olvidado: montañas, curvas, ascensos, descensos….

Si juntas todos estos elementos mientras recorres 485 km, por carreteras en general aceptablemente asfaltadas, pero de sólo 1 carril por sentido, con un arcén mínimo, te dan como resultado final las casi 7 horas de trayecto para el tramo Livingstone – Lusaka. Los más mayores aún nos acordamos cuando ir a la playa de vacaciones desde Madrid costaba 7-8 horas!!!! Cuando nuestras carreteras eran algo parecido a esto.

Y bueno un pequeño imprevisto, resultado otra vez de aquello de “en casa del herrero, cuchillo de palo“. Y no haber recopilado más información, produjo otro pequeño retraso en la ruta: a unos 220 km de Livingstone apareció ante mí algo inesperado: un peaje!!!!

El importe, 20 kwachas. Al cambio, poco más de 1 €. Por supuesto no aceptaban tarjetas. Y os acordáis que un poco más arriba os ponía que por ser domingo no había podido cambiar kwachas? Fue uno de esos momentos en un viaje en los que, por unos segundos, te asesinarías a tí mismo y a cualquiera cerca de ti.

Puntos de peaje en Zambia

Pero también, cualquier buen viajero pone su cerebro a funcionar a 1000 x hora, y rápidamenten encuentra una solución. En este caso, retroceder a Choma, la última población que afortunadamente era grande, y conseguir kwachas en un cajero. Otro pequeño susto cuando tras recorrer de vuelta unos 15 km, el primero cajero del banco FNB se negó a reconocer mis tarjetas. Afortunadamente no lejos, encontré otro cajero de Barclays, que se dignó a reconocer mis tarjetas y darme unas pocas kwachas para superar la prueba.

Lusaka

Con todo esto eran aproximadamente las 17.00 cuando llegaba a Lusaka, ciudad en la que me recibió un auténtico caos de tráfico, con sus obras de “proyecto de descongestión“. Supongo y espero que a futuro servirán para su objetivo, pero de momento nosotros sufrimos 2 veces más este terrible caos de atasco permanente.

Nuevamente mi elección de hotel fue correcta: el Cresta Golfview Resort. Por su ubicación, a las afueras al este de la ciudad, ya en la carretera T4, llamada “Great East Road“, me evitó sufrir un monumental atasco a la mañana siguiente. Al igual que el hotel de Livingstone, un agradable jardín donde disfrutar una agradable cena, y una habitación sencilla y confortable.

Y esta sabia decisión de elegir un hotel a las afueras de Lusaka, ya en la carretera hacia Mfuwe, me facilitó un montón la vida a la mañana siguiente, que con una simple parada para poner gasolina, me permitió estar conduciendo a las 07.00 de la mañana para afrontar los siguientes 580 km, más de 8 horas y media según Google, que me separaban de mi siguiente destino, donde realmente empezaría nuestra aventura en Zambia: Mfuwe Lodge

La carretera se presentó con las mismas características que el día anterior. poblaciones, color, gente en la carretera…. Y más montañas: la cadena llamada “Zambezi Escarpement“. Cuanto más aprenderíamos unos días más tarde sobre estas montañas!!!! Ya os contaré.

Pero tras atravesar estas montañas, que son la frontera norte del parque Lower Zambezi, adelantando camiones y más camiones, al finalizar el descenso, llegas a la espectacular imagen del río Luangwa.

Aquí si que no lo puede evitar y tuve que bajarme del coche para hacer algunas fotos.

El resto del itinerario transcurrió en una carretera excelente en la que aparecían cada pocos km carteles anunciando que esa carretera había sido construida con colaboración y fondos de CEE, atravesando una larga distancia en terreno llano. Eso sí con gente, gente, gente…. poblaciones, poblaciones, poblaciones. Aunque ciertamente el estado de la carretera, la señalización… me hacían sentir “en casa“.

Y sólo una pequeña incomodidad: el GPS incluido con el coche no funcionaba porque algún fusible había muerto y  la batería no se cargaba. Dependía de mi mapa offline en el teléfono maps.me, que tantas veces me ha salvado la vida en Botswana. Pero este mapa decidió no encontrar una ruta de carretera no asfaltada desde Pechauke a Mfuwe, que me obligó a llegar a Chipata, muy cerca de la frontera con Malawi, desde donde coger la carretera asfaltada a Mfuwe, unos 130 km más.

Después todo el mundo me dijo que fue la decisión correcta, y que esos 130 km menos por la carretera no asfaltada, me habrían llevado mucho más tiempo. Ahora no lo sé seguro, pero con lo que vivimos después en otras carreteras (que os contaré), pienso que es posible efectivamente fuera lo correcto.

Eran aproximadamente las 16.30 cuando llegaba a Mfuwe Lodge.