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Un último paseo por las Montañas Cederberg

Dado que el día anterior habíamos ido extendiendo el tiempo, y nuestro paso a través de las Montañas Cederberg para llegar hasta Clanwilliam, fue un poco efímero, decidimos que antes de iniciar la ruta hacia el sur, siguiendo la Costa Oeste sudafricana, íbamos a retroceder y dedicar un par de horas a disfrutar de los paisajes rocosos de las montañas y buscar los fynbos y proteas que caracterizan el paisaje de esta región.

Hacia la Costa Oeste

Tras explorar por un par de horas diferentes rincones entre las rojas e imponentes Montañas Cederberg, con menos éxito en la búsqueda de Proteas del que habíamos deseado, seguimos nuestro viaje hacia la Costa Oeste.

La decisión para la ruta fue la de seguir evitando la N7 hacia el sur. Y optamos por dirigirnos hacia el oeste por la R366, con el objeto de alcanzar la costa antes, y entonces poder seguir en paralelo al Océano disfrutando del paisaje de dunas blancas, repletas de vetación en plena floración, y por supuesto, el Océano Atlántico como fondo.

Desafortunadamente el día anterior, intentando limpiar la cámara, no tuve mucho éxito, y podéis comprobar que más bien fue un desastre. Al descargar las fotos me encontré con esa horrible raya en la esquina derecha. Al principio pensé “como se me ha podido colar un cable en la foto!!!!

Hasta que me di cuenta que en cada foto “aparecía un cable” y tuve que llegar a la triste conclusión que en mi intento de limpieza el día anterior, algún pelillo del pincel de limpieza que utilicé se había colado de la forma más horrorosa. Ya no había solución, y para poder compartir las imágenes, tendréis que perdonar “el cable” en cada foto.

Entre la carretera, las dunas blancas repletas de vegetación y flores, y el Océano Atlántico, también encontramos algunas lagunas salinas con flamencos rosas, todo un regalo para nuestros ojos y cámaras.

Paternoster, pueblo de pescadores

El lugar elegido para almorzar fue Paternoster, un bonito pueblo de la costa, y que cuenta con el galardón de ser el pueblo de pescadores más antiguo de la Costa Oeste. La pesca sigue siendo una actividad importante para la población local, pero su proximidad a Ciudad del Cabo (un par de horas en coche) y su privilegiada ubicación, lo han convertido en un codiciado destino de vacaciones.

Para nosotros era una parada con un objetivo claro, o sea, poner en nuestro almuerzo una delicatessen de la que no habíamos disfrutado los días que habíamos estado explorando las regiones interiores de Sudáfrica: pescado y marisco!!!!

Si alguna vez decides explorar este pueblo en una excursión desde Ciudad del Cabo, no esperes encontrar la aldea de pescadores que un día fue. Pero a pesar de que respiras claramente el ambiente vacacional, su imagen con los edificios blancos contra el Océano azul, sigue teniendo mucho encanto.

West Coast Nacional Park

La última etapa de esta ruta antes de llegar a Ciudad del Cabo, este pequeño Parque Nacional que se puede visitar perfectamente desde esa ciudad, y que condensa en un área no demasiado grande todo lo que habíamos venido explorando y encontrando a lo largo de la Costa Oeste sudafricana.

Justo tierra adentro desde el aislado puerto de la bahía de Saldanha, y a solo 1,5 horas en automóvil del centro de Ciudad del Cabo, se encuentran las aguas azules de la laguna Langebaan, punto focal del Parque Nacional de la Costa Oeste, en el que encuentras belleza natural sin fin, una serie de playas secretas, y algunas de las mejores flores silvestres de la tierra. Una de estas playas secretas es Preekstoel, con sus exquisitas aguas color aguamarina y la increíble roca que se levanta en el mar cerca de los acantilados.

El Parque Nacional cuenta con rutas de trekking, rutas para realizar en bicicleta, áreas en la costa para realizar surf, puntos donde poder realizar una barbacoa frente al mar… Realmente se convierte en un paraíso para los amantes de la naturaleza, con un montón de opciones y servicios para disfrutar de un día ideal.

Además de los recorridos para disfrutar de las flores y las maravillosas plantas que aquí crecen, existen miradores en los que te puedes posicionar cómodamente para observar los flamencos y resto de aves marinas que hacen de este lugar su hogar, bien sea de forma permanente, bien como parada en sus rutas migratorias.

Y el día terminó recorriendo los últimos 100 km que nos separaban de Ciudad del Cabo, ciudad que nos recibió con una Table Mountain envuelta en nubes, bajo las cuales el sol bajo del atardecer brillaba de una forma muy especial. Tengo la imagen en mi mente, pero iba conduciendo y no pude tomar ninguna foto para compartir con vosotros.

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