Nuestro viaje a Zambia: el inicio de la experiencia en South Luangwa

Pues sí, como cerraba el post anterior sobre este viaje, eran cerca de las 4 de la tarde cuando llegaba a Mfuwe, la población más cercana a la puerta de acceso del mismo nombre a South Luangwa. Y mi sorpresa fue a la entrada de la aldea ver un enorme palmeral!!!! De repente me sentí como en casa. Las palmeras, tan icónicas en el Delta del Okavango, y de las que hay tantas en Maun, es un árbol que me apasiona.

Mfuwe se presentó como un bonito pueblo africano, con un montón de colorido, gente por las calles, pero en la que se percibe un mejor estatus económico que las muchas aldeas y pueblos por los que había pasado los 2 días anteriores. Obviamente efecto del turismo, ya que de todos los fantásticos parques de Zambia, South Luangwa es la joya de la corona.

Entrada a South Luangwa

Esta era mi última noche sola. Y la pasaría en Mfuwe Lodge, ubicado dentro del Parque Nacional a escasos 15 mn de la puerta.

Y bueno, si hay algo por lo que Mfuwe Lodge se ha hecho famoso, es por el hábito que han cogido ciertas manadas de elefantes a atravesar la recepción en busca de los frutos de mangos salvajes que hay en los jardines. Esta foto que veis al lado es un momento que soñaba vivir!!!

A mi llegada, los preliminares normales de presentaciones, explicaciones sobre el lodge, enseñarme mi habitación… Y el ofrecimiento de si quería salir de safari: aún estaba a tiempo. Pero analicé la vista de la ubicación de la propia terraza de mi chalet hacia el río, las estupendas zonas comunes frente al río, y por supuesto pensé en la posibilidad de ver los elefantes pasar por allí.

Mfuwe Lodge - South Luangwa

Todo eso unido a mi cansancio, me hicieron optar por una ducha y una copa de vino mirando los animales que se paseaban tranquilamente por allí. Tengo que deciros que la foto anterior de los elefantes en la recepción no es mía, y que no fui afortunada: ese día los elefantes no vinieron. Aunque habría muerto por verlo!!!! Yo no lo sabía entonces, pero South Luangwa y sus elefantes todavía tenían mucho que ofrecerme….

Licaones en South Luangwa

Por la mañana, por fín: horario de safari!!!! A las 5 de la mañana arriba, desayuno ligero y lista con cámaras. Esta vez era un cliente más, en un coche de safari, lista para disparar y disfrutar.

Mi cerebro normalmente necesita unos cuantos cafés antes de seguir a mi cuerpo, que se mueve por inercia y no bajo mis órdenes. Pero esto no me ocurre cuando estoy de safari.

Y menos todavía cuando, estando con tu primer café africano (esta parte no es la mejor de Africa) en la mano, viene tu guía y te dice: “deberíamos salir enseguida porque hay cerca una jauría de perros que acaban de cazar

Aunque no hubiera vivido el momento del rastreo y seguimiento de los perros cuando se ponen en formación de caza, algo que siempre me ha puesto los pelos de punta cuando he tenido la oportunidad de vivirlo, avisarme que me daban una escena así servida, casi me atranganta el café que tenía en las manos. Que por supuesto engullí a velocidad del rayo, y como decimos nosotros “en cero coma” ya estaba sentada en el coche de safari nerviosita.

Y bueno, no es que la escena estaba cerca: estaba a escasos 100 m de la puerta de Mfuwe Lodge!!!!. La jauría era grande: unos 12 perros, entre ellos 3 cachorros. El plato del desayuno: un puku. Y en los alrededores 2 hienas, que revoloteaban intentando unirse al festín. Pero como siempre los licaones, en perfecta formación y disciplina: sabiendo de la cercanía de los indeseados invitados, mientras 2 o 3 comían, el resto vigilaba. Y así se iban moviendo por turnos perfectamente organizados entre ellos. Simplemente fue espectacular.

Después de este subidón de adrenalina matutino, estaba dispuesta a relajarme y seguir disfrutando. Y así el resto de la mañana me trajo momentos impresionantes. El primero el impacto visual de ver una Jirafa Thornicroft, después de tantos años viendo las jirafas del cono sur. El dibujo de su piel totalmente diferente, me produjo un shock visual que disfruté enormente.

Y seguimos nuestra ruta de safari en la que encontramos numerosos animales. Paradas relajadas para fotografiar y observar. Y pocos coches de safari. South Luangwa no es un parque con pocos viajeros realizando safari, pero es grande, con mucha concentración de vida salvaje, y los guías respetan protocolos de “no asedio” a los animales en los avistamientos.

Zambia, Jirafa Thornicroft

Además de impalas, pukus, jirafas, este bonito martín pescador malachita, una especie de francolín que no había visto antes (lo siento, no me acuerdo del nombre), el regalo final de la mañana fue esta bonita leoparda.

Descansaba tranquilamente en un árbol salchicha, conocido con ese nombre por la forma de sus frutos colgando. Estuvimos mucho tiempo observándola, pero lo cierto es que estaba profundamente dormida y nos ignoró totalmente.

El final del safari de la mañana llegó con café frente al río Luangwa, justo sobre un área repleta de hipopótamos. El paisaje, espectacular.

Serían algo más de las 10 cuando regresamos al lodge. Y tocaba cerrar maletas, coger coche y seguir al siguiente destino: Luangwa House. Su ubicación no estaba lejos de Mfuwe Lodge: fuera del parque, en una concesión privada al otro lado del río, calculé que tardaría unos 20-25 mn en llegar, si no me perdía claro.

Fue fácil encontrarla. Luangwa House es una de las propiedades de Robin Pope, una de las empresas pioneras en el inicio de los safaris en Zambia.

Y bueno, aunque sabía que el nivel de este alojamiento era de lujo, cuando llegué y vi la casa aún casi se me cortó un poquito la respiración: en Africa, el lujo es muy lujo.

Una enorme casa, con 4 habitaciones, cada una con una decoración diferente, y todo totalmente abierto con vistas a un brazo del río Luangwa, al que llegan gran cantidad de animales. Nada más entrar a este enorme salón, totalmente abierto hacia el río, lo primero que ví fue una gran manada de elefantes bebiendo y bañándose!!!!

Este era el lugar y el día en South Luangwa donde por fin me reuniría con parte del equipo: Oliver, Elena y el pequeño Erick. Ellos habían aterrizado esa mañana en Lilongwe, Malawi. Y un traslado privado contratado allí, los traería. Los cálculos de tiempo que habíamos hecho es que estarían llegando sobre las 14.00. Y teníamos esta enorme casa para nosotros 4 sólos!!!! Con un equipo de trabajo (cocinero, camareros y guía) para atendernos a nosotros en exclusiva.

Yo estaba muy excitada y mis ganas de verlos (los que me conocen saben que además de socios, son mi familia) eran enormes: no los veía desde Febrero que dejé España. Y el momento era tan espectular, que tenía unas ganas enormes de compartirlo con ellos.

La mesa estaba lista, sobre una plataforma que cuelga sobre el río, y bajo la que hay un “hide” para fotografiar a los animales. Tras una comunicación con ellos, parecía que llegarían más tarde de lo previsto, por lo que decidí almorzar sola en tan maravilloso entorno.

Y allí sentada, con aquel montón de elefantes enfrente, si lo había olvidado, me dejaron muy claro por qué decidí venir al cono sur de Africa.

Seguían llegando en tandas por familias, siguiendo su protocolo habitual al llegar a zona donde hay agua: primero su baño, que como saben hay poca agua, se conforman sea de barro, como en el mejor spa. Se rebozan y gozan cubriendo su piel con el fresco barro, que además les protegerá la piel, de insectos y reducirá la evaporación corporal de agua. Siguiente paso, acercarse a la charca con más agua y beber.

Y así van llegando una familia tras otra. La que llega espera a que la que esté bebiendo termine, parándose a una cierta distancia, y respetando su turno. Silenciosa y lentamente una familia se retira e igual de silenciosa se acerca la siguiente hasta la charca. Eso sí, una vez en el agua el sonido del chapoteo y de su felicidad con el agua, convierte el momento en una fiesta.

Es obvio que soy malísima con los “selfies” y que soy mejor detrás de la cámara. Pero quería intentar tener una “prueba” de lo que estaba viviendo cuando llegaran ellos, y al menos compartirlo así. En mi espera, comencé a tomar algunas notas para este blog, y mientras seguían llegando elefantes y otros animales a beber, un ejército de babuinos invadió toda la plataforma y dió buena cuenta de cualquier cosa que quedó en la mesa.

Desafortunadamente los problemas en el traslado fueron a más, y a los originales de problemas de documentación para el paso del coche por la frontera, se unió que el conductor se equivocó de carretera, por lo que finalmente eran algo más de las 5 de la tarde cuando llegaron. No hicimos safari en coche esa tarde. Aunque después de la ilusión de reunirnos, instalarse, disfrutar de una bebida…. aún tuvimos la ocasión de ver animales moviéndose mientras disfrutábamos de una delicionsa cena, aunque no pudiéramos fotografiarlos, entre ellos una hiena, impalas, pukus, y un animal nocturno que no había visto nunca: una mangosta de cola blanca.